CANDIDATOS QUE CARECEN TOTALMENTE DE UNA VISIÓN ÉTICA.
Una gran parte de los comentarios editoriales de la prensa de Tamaulipas
refleja a una oposición que da la impresión de que la búsqueda de los
cargos públicos de elección popular debe estar marcada por la violencia.
Y no sólo eso, sino que además todo lo que haga el partido en el poder es,
para los dirigentes de estos partidos y de sus verdaderos jefes, sinónimo de
fracaso y corrupción.
Yo no he escuchado nunca, y mucho menos de parte del panismo, una
perspectiva cuya expresión revele una aportación sustancial a la vida
comunitaria.
Para estos personajes, principalmente aquellos que hace tiempo vinieron de
Reynosa, la democracia es cuestión de todo o nada.
O sea, de agresión, de aferramiento al poder, de yo soy mejor que todos
ustedes, y de toda una torcida concepción de que la búsqueda de los
puestos públicos es para imponerse a los demás y no para servir a todos.
Así de esa forma, el pueblo de Tamaulipas ve con una enorme decepción la
degradación de una clase política que carece de la mínima noción de esa
vida comunitaria.
Obviamente eso da motivo para suponer que el proceso electoral que
elegirá aquí en la entidad a presidentes municipales, diputados y senadores
(al margen de la elección en que igual Xóchitl Gálvez parece apuntar con un
arma de fuego a Claudia Sheinbaum, y nada que ver con argumentos
esclarecedores) estará cargado de tensiones peligrosas.
Lo vimos a lo largo de los seis años del pasado gobierno estatal, donde el
“todo o nada”, y la radicalización de que “somos superiores a todos los
demás”, oscureció no sólo la fundamental convivencia política sino que
agravó la mala calidad de vida de la ciudadanía, pues enfrentar a un grupo
de individuos en el poder déspotas y pagados de sí mismos propició un
ambiente de temor e incertidumbre.
IMPOSIBLE LA CONVIVENCIA POLÍTICA A FAVOR DEL PUEBLO
En suma, aquí en Tamaulipas como en todo México, el cerrar filas a favor
de la democracia se convirtió en una utopía.
Esto quiere decir que vemos a una oposición que jamás podrá interpretar a
la democracia como un sistema de gobierno que tenga la capacidad de
entender que todas y todos juntos nos dirigimos hacia el progreso de la
Nación.
Estaría exagerando que viéramos a Morena y a sus aliados convivir en una
forma extraordinaria con el PAN.
Sin embargo, sin llegar a los grandes avances que hemos visto en las
democracias europeas donde por ejemplo sí se han atrevido a unirse todos
los partidos políticos a favor de la prosperidad y la seguridad de la gente,
pienso que difícilmente, al menos en esta elección, podremos avanzar
rumbo a un estado de civilidad cuyas convicciones, empezando por los
dirigentes opositores señalados y sus candidatos, privilegien todas y cada
una de las demandas ciudadanas.
De qué sirve ver todos los días a diversos personajes que van por las
alcaldías y las diputaciones locales y federales, incluso por las senadurías,
pero carecen totalmente de una visión ética en la cual confíen plenamente
los ciudadanos.
Y yo no digo que todas y todos esos vayan cojeando de la misma pata, pero
la confianza de los movimientos “políticos” de los que sólo velan por sus
propios intereses no logra ser, desde luego, percibida por la población.
¿Quiénes por ejemplo pueden creerle a panistas como Leticia Salazar
Vázquez de Matamoros e Imelda Sanmiguel Sánchez de Nuevo Laredo que
sus posibles candidaturas a las alcaldías respectivas vendrán a contribuir en
algo a la sociedad?
Y peor: ¿qué nivel de credibilidad puede tener un personaje como René
Cantú Galván, si en forma permanente se ha dedicado al escándalo y a
cuidar los intereses de su patrón?
El desprecio que han tenido estas personas por la democracia y las
esperanzas de la ciudadanía es tal, que poco o nada les interesa reincidir
en su desprestigiado y repetitivo método de hacer política. Para ellos el
concepto de la oposición, es sinónimo de violencia.
¡Feliz miércoles!
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