La Comuna

Opinión

 

José Ángel Solorio Martínez

¿Quién delineó en Tamaulipas, el proyecto de Reforma del Poder Judicial?
Es una necesidad, saberlo.
Si se aprueba que el 70 por ciento del aparato administrador de justicia, se reelija, el gobernador, Américo Villarreal Anaya, y su familia, están en peligro; en un grande riesgo que las tentaciones de venganza del régimen anterior, se reaviven.
Entonces sí, Villarreal Anaya podría vivir lo que está ocurriendo con el exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca. Y ahí sí: el rencor y el odio son mayores que la vocación de llevar a juicio a una administración estatal.
Habrá venganza; no justicia.
Como va la reforma, un magistrado abiertamente cabecista David Cerda Zúñiga –ni modo que niegue sus vínculos con Cabeza de Vaca, si sirvió en la oficina del gobernador– y más de un centenar de jueces que estarían bajo la tutela del reynosense.
¿Pacto con Cabeza de Vaca?
Sólo los ingenuos pueden creerlo.
Su trayectoria política, está erizada de negociaciones políticas incumplidas.
En Reynosa, es conocida su conducta vengativa y aviesa.
Alguien quiere jugarle una broma envenenada al Ejecutivo estatal.
¿De quién es la maldita idea de entregar con un blindaje de legitimidad, a la mayoría de los jueces cabecistas, que se convertirán en una filosa espada sobre las espaldas de todos funcionarios de la IV T al término del mandato de Américo?
Será un Poder Judicial local, de borrón y cuenta nueva. Todos los pecados del pasado serán eliminados; lanzarán sentencias incuestionables, ante las expectativas que generará el nuevo marco normativo propuesto por la IV T.
Será guardar vino nuevo, en botellas viejas.
O más bien: vino viejo, en botellas nuevas.
Hay tiempo para rectificar.
La profundización de la IV T en Tamaulipas, pasa por la renovación total del Poder Judicial. El actual, es una vasca. Llegaron a Magistrados, violentando la Constitución y actuaron defendiendo los intereses familiares de los Cabeza de Vaca y no de las mayorías. Y los jueces, operaron como un cartel delictivo e impune.
Manejaron la ley no para impartir justicia, sino para degradarla a una vil mercancía.
Ahora, alguien quiere reelegirlos.
Argumentan la falta de cuadros para las candidaturas y el descomunal trabajo que se requiere para sustituir a todos los jueces.
Falso, lo que subyace en ese engañoso plan es un tufo de complicidad y pactos inconfesables con quienes en tiempo idos convirtieron a los juzgadores, en instrumento del poder económico y político.
Al hombre común, le interesa tener un sistema de justicia limpio y transparente.
Sin ello, la democracia está mutilada.
De ocurrir, será el más estrepitoso fracaso del Segundo Piso de la IV T.

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