La Comuna

Opinión

 

José Ángel Solorio Martínez
«NOROÑA Y LAS ENSEÑANZAS DE PANTALEÓN»
La derecha mexicana, se ancló en la retórica de los años de la Guerra Fría. Sigue con su mismo discurso anacrónico, clasista, racista, y retrógrado. Se quedó en el pasado; y así, nomás no podrá avanzar en una sociedad, cada vez más informada y cada vez más crítica.
Si antes fue eficiente, ahora no lo es tanto.
En tiempo idos asustaban a la sociedad, con el aterrador discurso que se iba a despojar de los bienes no sólo a los ricos, sino también a los pobres. En el presente, son pocos los que se la creen.
¿Qué les puede expropiar un gobierno progresista, a los pobres?
¿Se les pude expoliar más a los desprotegidos, de lo que los ha despojado un sistema basado en la inequidad?
Una muestra que da claridad al añejo discurso de los conservadores es la campaña negra que le está siendo endilgada al senador Gerardo Fernández Noroña.
“No puede ser que viaje en vuelos de primera clase”.
¿Qué implica esa sentencia reaccionaria?
1.- Un pobre no puede visitar Europa; aunque este viaje, sea para realizar tareas oficiales del senado de la república.
2.- Ese periplo, es una traición a la clase que pertenece Fernández Noroña.
3.- Falta a un partido que ha promovido y promueve la austeridad republicana.
Esa lógica retrógrada, trasuda clasismo. Es decir, ni un ciudadano de clase proletaria tiene derecho a escalar la pirámide social; es decir, si naces pobre necesariamente debes de morir pobre.
Sí: es a lo que pueden soñar los explotados.
Para eso tienen el reino de los cielos.
Y a contraparte: si eres rico, debes morir rico; es lo socialmente natural de esa ideología.
Esa regla, es la que le da equilibrio a la sociedad –según ellos–.
Que una persona como Noroña, acceda a los viajes a diversas partes del mundo, no es un logro de un profesionista modesto; no: es un amago para sus privilegios. Ese es el fondo de la irritación de los residuos del viejo régimen y sus defensores.
Es ahí, donde nace la diatriba.
Ningún chile les embona –dijo el sabio Enrique Peña–.
En los años setenta, tiempo de militancia en organizaciones de Izquierda, luego de largas jornadas de proselitismo en El Plan del Alazán –zona agrícola de Río Bravo, Tamaulipas–, concluíamos en el Café Cantón.
Confluían en ese lugar, ejidatarios, terratenientes, líderes sindicales y agrónomos.
Cuando estábamos a punto de engullir una jugosa hamburguesa, un rico del pueblo se dirigió a nosotros:
–¿No que muy comunistas?
Pantaleón Cedillo Valdés, quien invitaba, había sido fundador en la región de la Juventudes Comunistas de México.
Fue el que respondió la insolencia:
–Los comunistas, queremos acabar con la pobreza, no con la riqueza.
En esos años se quedaron los conservadores.

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