De Vagabundo a Millonario: El Clan Illoldi, la nueva nobleza de la corrupción en Tamaulipas.

Opinión

Por Luis Enrique Arreola Vidal.

En el año 2021, mientras unos soñaban con transformar la vida pública, Gerardo Illoldi Reyes solo soñaba con figurar en la boleta electoral.

No importaba el cargo, ni el partido. El objetivo era uno: colarse en una boleta electoral a como diera lugar.

Así inició su peregrinar político como vagabundo electoral: golpeando puertas, ensayando lealtades y regalando discursos a quien quisiera escucharlo. Nadie lo tomó en serio. Nadie lo conocía.

Aunque él se auto percibía como influencer —al menos en su mente— gracias a unos videos que había hecho contra el exalcalde Xicoténcatl González Uresti, su impacto en redes era tan limitado como su trayectoria política.

El Partido Verde, dirigido en Tamaulipas por Ricardo Gaviño, ya tenía candidata a la alcaldía —Gabriela Milla— y una estrategia clara: competir con un perfil joven, fresco y funcional, no con desechos reciclados de la vieja política.

Pero cuando nadie quiso aventarse la diputación federal —porque competir contra Óscar Almaraz (PAN), Enrique Cárdenas (PRI) y la maquinaria de Morena era una causa perdida—, Gaviño, urgido de candidatos, le dio entrada a Illoldi.

Un día, mientras estaba en capacitación con todo el equipo del Verde, Gaviño recibió una llamada del delegado nacional del partido: había cambios en el V distrito, lo incluían en la alianza federal y el Verde encabezaría la candidatura.

Gerardo, como buen oportunista, vio la luz en el camino.

Pero no tardó en hacer lo que mejor sabe hacer: traicionar al partido que le abrió las puertas.

Durante los recorridos nunca pidió el voto para el Verde, siempre lo hizo para Morena.

Y fue entonces cuando Lalo Gattás lo cobijó, sin saber que muy pronto le haría exactamente lo mismo a él.

Perdió como estaba previsto.

Lalo Gattás, entonces alcalde de Victoria, lo rescató políticamente y lo nombró Secretario de Desarrollo Urbano, pese a su falta de perfil y experiencia.

Y cuando Gattás lo necesitó, Gerardo hizo lo que mejor sabe hacer: lo traicionó.

Luego, con la llegada de Américo Villarreal a la gubernatura, Illoldi volvió a reciclar su lealtad, brincó de un bando a otro y terminó premiado como Subsecretario de Finanzas.

Poco después, se convirtió en Secretario del Trabajo del Estado, un puesto estratégico que le abrió las puertas al verdadero negocio: el saqueo institucional con sello familiar.

El Clan Illoldi: Cuando la política se hereda, la corrupción también.

Lo primero que hizo Gerardo no fue reestructurar la Secretaría. Fue algo más íntimo, más personal, más suyo: llenarla de familia.

Porque cuando se trata de poder y dinero, en los Illoldi todo queda en casa.

Joel Illoldi Reyes.
Hermano. Exsecretario de Desarrollo Urbano del Municipio.
Operador financiero oculto, vinculado a extorsiones de constructores, desarrolladores y gasolineros.

Despedido por Gattás… cuando ya era demasiado tarde.

Mariangela Richo Ortiz
Esposa. Unidad de Género del Congreso del Estado.
La transparencia es su discurso; la opacidad, su práctica. Tiene su patrimonio reservado.

Y en esta familia, eso ya no es sospechoso: es costumbre.

Gustavo Tadeo Rodríguez Tamez
Primo segundo. Subsecretario de Ingresos.
Según fuentes cercanas a esta columna, es el responsable de cobros extraoficiales y de vender plazas como si fueran boletos de rifa.

Y aún así, el Gobernador lo ratificó.

Y como para que no quedaran dudas, el propio Gerardo Illoldi, el pasado 1 de marzo durante su paseo por el Congreso del Estado, reconoció públicamente que es primo de Gustavo Tadeo.

Nepotismo, con confesión de por medio.

José Luciano Rodríguez Tamez.
Hermano de Gustavo Tadeo. Contralor del Congreso.
¿Su función? No ver, no escuchar y no investigar.
Cualquier parecido con una omisión deliberada… no es coincidencia.

Claudia Villarreal Vázquez.
Supuesta pareja sentimental de Joel. Directora de Inspección en la Secretaría del Trabajo.
Encargada de cobrar cuotas ilegales a empresas, industrias y maquiladoras.
La “cuota de inspección” es el nuevo impuesto informal de la 4T local.

Patricia Reyes González.
Prima hermana. Directora del DIF Victoria.
Convirtieron el DIF en un departamento de relaciones familiares.

De asistencia social, mejor ni hablamos.

Cristina Lavín Sada.
Secretaria de Desarrollo Urbano del Municipio.

Impulsada por Gerardo como parte de su cuota en la negociación con Gattás, y causante de la parálisis deliberada en el área hasta que se aceptaran sus condiciones económicas.

José Manuel Hinojosa Haces.
Regidor. Presidente de la Comisión de Obra Pública.
Su misión: obstaculizar, condicionar, favorecer… pero nunca construir.

Otro engrane en la maquinaria del chantaje.

Eduardo Reyes Peña.
Primo hermano. Regidor suplente.

A falta de mérito, basta con apellido.

Melissa Martínez Hernández.
Esposa de Paty Reyes. Abogada en la UAT, colocada gracias a las alianzas hechas por Illoldi.

Encargada de cobrar los contratos que la Secretaría del Trabajo impone como requisitos.

La mafia se moderniza, pero no cambia de rostro.

Emiliano Reyes.
Primo y chofer de Gerardo.
Involucrado en un accidente carretero donde la Suburban de Illoldi impactó a una familia, dejándola gravemente herida.

Y como siempre, el silencio fue la única respuesta oficial.

Un patrón repetido: poder, traición, silencio.

Un verdadero experto en apuñalar de regreso a quienes le ofrecen la mano.

El patrón se repite: Gerardo traiciona a quien lo impulsa, luego toma el poder, luego reparte el botín entre sus cómplices.

Y cuando alguien intenta investigarlo: calla… o lo callan.

• El Congreso guarda silencio.

• La Auditoría Superior finge demencia.

• La Contraloría no ve.

• La Fiscalía Anticorrupción no investiga.

• La Unidad de Inteligencia Financiera no pregunta.

• Y el Gobernador… guarda un silencio que ya pesa.
¿Hasta dónde llegará el silencio institucional?

¿Hasta cuándo seguirá premiando el poder a quienes lo corrompen desde dentro?

¿Hasta dónde están dispuestos a permitir que el apellido Illoldi sea sinónimo de impunidad en Tamaulipas?

Ya no se trata de un clan familiar.
Se trata de un modelo de operación que está envenenando toda la administración pública y empañando irremediablemente el gobierno de Américo Villarreal.

Si el Gobernador no actúa, si no rompe el pacto de protección, su administración será recordada no por la transformación, sino por haber incubado una de las redes de corrupción más descaradas de la historia reciente del estado.

Y mientras Claudia Sheinbaum se compromete públicamente a erradicar la corrupción y el nepotismo de la Cuarta Transformación, Tamaulipas se convierte en el ejemplo exacto de lo que se juró combatir.

Hoy, la pregunta es directa, incómoda y urgente:
Gobernador Américo Villarreal, ¿cuándo va a ponerle fin a esta mafia con cargo al erario?

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